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ROMA, 25
de enero del 2010 – Esta noche, con las vísperas en
la basílica de San Pablo Extramuros, Benedicto XVI cierra la semana
de oración por la unidad de los cristianos.
Hay algunos que dicen que el ecumenismo ha entrado en una fase de
recesión y de hielo. Pero si se mira a Oriente, los hechos dicen lo
contrario. Las relaciones con las Iglesias ortodoxas nunca habías
sido tan prometedoras como ahora que Joseph Ratzinger es Papa.
Las fechas cantan. Un periodo de hielo en el diálogo entre la
Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas de tradición bizantina se
inició en 1990, cuando las dos partes se enfrentaron respecto al
llamado "uniatismo", es decir sobre las formas con las que las
comunidades católicas de rito oriental duplican en todo las
paralelas comunidades ortodoxas, diferenciándose sólo por la
obediencia a la Iglesia de Roma.
En Balamand, Líbano, el diálogo se estancó por el lado ruso, donde
el patriarcado de Moscú no soportaba verse "invadido" por misioneros
católicos enviados allí por el Papa Juan Pablo II, de quien se
desconfiaba más por su nacionalidad polaca, históricamente rival.
El diálogo quedó congelado hasta que en el 2005 subió a la cátedra
de Pedro el alemán Joseph Ratzinger, Papa muy apreciado en Oriente
por el mismo motivo por el que en Occidente se gana críticas: por
estar muy adherido a la gran Tradición.
Antes, en Belgrado en el 2006 y luego en Ravena en el 2007, volvió a
reunirse la comisión mixta internacional para el diálogo entre la
Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas.
Y en la cima de la discusión estuvo precisamente la cuestión que más
divide Oriente y Occidente: el primado del sucesor de Pedro en la
Iglesia universal.
De la sesión de Ravena salió el documento que marcó un vuelco,
dedicado a "conciliaridad y autoridad" en la comunión eclesial.
El documento de Ravena, aprobado unánimemente por las dos partes,
afirma que "primado y conciliaridad son recíprocamente
interdependientes". Y en su párrafo 41 enfoca así los puntos de
acuerdo y desacuerdo:
"Ambas partes concuerdan sobre el hecho de que [...] Roma, en cuanto
Iglesia que 'preside en la caridad', según la expresión de San
Ignacio de Antioquía, ocupaba el primer lugar en la 'taxis' y que el
obispo de Roma es por lo tanto el 'protos' entre los patriarcas. Sin
embargo ellos no están de acuerdo en la interpretación de los
testimonios históricos de esta época por lo que respecta a las
prerrogativas del obispo de Roma en cuanto 'protos', cuestión
comprendida en modo diferente ya desde el primer milenio".
"Protos" es una palabra griega que significa primero. Y "taxis" es
el orden de la Iglesia universal.
Desde entonces la discusión sobre los puntos controversiales
continúa a ritmo acelerado. Y ha comenzado a examinar ante todo cómo
las Iglesias de Oriente y Occidente interpretaban el rol del obispo
de Roma en el primer milenio, es decir cuando todavía estaban unidas.
La base de la discusión es un texto que ha sido elaborado en la isla
de Creta al inicio del otoño del 2008
El texto nunca se hizo público antes. Está en inglés y se puede leer
completo en esta página de www.chiesa:
The Role of the Bishop of Rome in the Communion of the
Church in the First Millennium
En español:
El papel del Obispo de Roma en la Comunión de la
Iglesia en el Primer Milenio
La comisión mixta internacional para el diálogo entre la Iglesia
católica y las Iglesias ortodoxas ha comenzado a discutir sobre este
texto en Pafos, en la isla de Chipre, del 16 al 23 de octubre del
2009.
Ha comenzado a examinar la predica de Pedro y Pablo en Roma, sus
martirios y la presencia de sus tumbas en Roma, que para san Ireneo
de Lyon confieren una autoridad preeminente a la sede apostólica
romana.
De allí, la discusión ha proseguido examinando la carta del Papa
Clemente a los cristianos de Corinto, el testimonio de san Ignacio
de Antioquía que señala a la Iglesia de Roma como la que "preside en
la caridad", el rol de los Papas Aniceto y Víctor en la controversia
en torno a la fecha de la Pascua, las posiciones de san Cipriano de
Cartagena en la controversia sobre bautizar nuevamente o no a los "lapsi"
es decir a los cristianos que habían sacrificado a los ídolos para
salvar la vida.
El propósito es el de entender hasta qué punto la forma que tuvo el
primado del obispo de Roma en el primer milenio puede ser modelo
para una nueva unidad entre Oriente y Occidente en el tercer milenio
de la era cristiana.
Pero de por medio ha estado un segundo milenio en el cual el primado
del Papa ha sido interpretado y vivido, en Occidente, en formas
siempre más acentuadas, lejanas de aquellas que las Iglesias de
Oriente están hoy dispuestas a aceptar.
Y será este el punto más crítico de la discusión. Pero las
delegaciones de las dos partes no tienen miedo en afrontarlo. Lo ha
dicho el mismo Benedicto XVI el pasado 20 de enero, explicando en la
audiencia general a los fieles el sentido de la semana de oración
por la unidad de los cristianos:
"Con las Iglesias ortodoxas la comisión mixta internacional para el
diálogo teológico ha iniciado el estudio de un tema crucial en el
diálogo entre los católicos y los ortodoxos: el rol del obispo de
Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio, es decir en
tiempo en el que los cristianos de Oriente y Occidente vivían en
plena comunión. Este estudio se extenderá luego al segundo milenio".
La próxima sesión tiene ya un lugar escogido, Viena, y una fecha,
del 20 al 27 de setiembre del 2010.
Como cabeza de la delegación católica en todos estos años ha estado
el cardenal Walter Kasper, presidente del pontificio consejo para la
promoción de la unidad de los cristianos.
A la cabeza de la delegación ortodoxa está desde hace años el
metropolitano de Pérgamo, Joannis Zizioulas, teólogo de reconocido
valor y de gran autoridad, "mente" del patriarca ecuménico de
Constantinopla Bartolomé I y muy estimado por el Papa Ratzinger, con
el cual tiene una relación de profunda amistad.
También con el patriarcado de Moscú las relaciones están mucho mejor.
En Ravena los delegados rusos habían abandonado los trabajos por una
discrepancia con el patriarca de Constantinopla sobre admitir o no a
los representantes ortodoxos de las Iglesias de Estonia, no
reconocida por Moscú.
Pero en Pafos, el pasado octubre, el desgarro fue subsanado. Y
también con Roma el patriarcado de Moscú está hoy en relaciones
amigables. Una prueba se ha dado hace pocos meses, la publicación
por parte del patriarcado de un libro con unos textos de Benedicto
XVI, iniciativa sin precedentes en la historia.
Desde Roma la iniciativa será retribuida pronto, con unos textos del
patriarca Kirill recogidos en un volumen editado por la Librería
Editora Vaticana.
Una reunión entre el Papa y el patriarca de Moscú está también en la
esfera de lo posible. Quizá más pronto de cuanto se piense.
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